La velocidad de ese brillo que
abraza el cielo anticipándose al impetuoso sonido de su corto momento. Un
choque de nubes cargadas de vida, cargadas de energía que suministrada por la
naturaleza estremece todo aquello que sobre lo que cubre su enormidad camina.
Una alarma que invita a ocultarse
al cobarde y una fuente de inspiración para aquel que con detalle observa aquella manera en que su poderío rompe el
cielo.
El hombre en su intento de
definir todo los llama rayos, a su luz relámpago
a su sonido trueno. Pero existen quienes como yo perciben en ellos la voz de
Dios y una mínima muestra de su dominio sobre aquello tan minúsculo que es nuestro
hábitat, nuestro mundo. Una evidencia más de la misericordia de aquel que nos
ofrece una nueva oportunidad , un tiempo extra con la intención de que sea erguido
nuestro actuar.
Es lo que un ser tan vulgar, un común
mortal logra en el intento de dibujar con palabras lo que sus
sentidos perciben en una noche como esta, una noche diferente, una noche que
contrasta con la cotidianidad, aquella que hace tan soleados los días como secas
y calurosas sus tardes.

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