Aquel que caminaba solo a través del
sendero que dibujaba en su mente. Aquel que se relajaba nadando solo en aquel
tranquilo lago que dibujaba su mente. Aquel que en su rostro sentía la brisa
fresca que movía las ramas de los árboles en aquel paisaje que dibujaba su
mente. Aquel que esperaba la noche sentado solo en aquella silla dentro de esa
cabaña que dibujaba su mente. Aquel que plácidamente dormía en aquella cama que
dibujaba también su mente.
Vivía tranquilo y sereno dentro
de todo aquello que dibujaba su mente.
Vivía porque llegó ella y cual
tirano colonizador invadió poco a poco sus paisajes, contamino sus aguas,
desdibujó sus senderos e hizo mas densa y lenta la brisa. Ella invadió,
colonizó, conquistó su mente.

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