Se reducen a suspiros todos mis vagos deseos
Y el hálito que es emanado
carga una ligera esperanza
Esa nebulosa incertidumbre mantiene a mi espíritu vivo
Y la llama de mis sueños, aún congelada, no se apaga
No sé de aquello que espero y en ese ignorar se encuentra
La intriga clavada en mi alma cual astilla en suave piel
Rápido voy en pos de nada y en los segundos que reposo
Me alcanza la gélida duda, que me confunde y abruma
Entonces seguro de poco y esperando mucho avanzo
Palpando ciego y perdido los circulares abismos
Que en ascenso o en descenso recorro con suma presteza
Lo sé todo y no sé nada. Tan absurdo es que me rindo.
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